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lunes, 24 de octubre de 2016

Más de entonces...

Según cuenta Sófocles, Tiresias quiso impedir que se investigara sobre el pasado del rey de Tebas así como sobre ciertos hechos algo más recientes, pero no lo logró. El motivo que desde fuentes cercanas a la monarquía se le dio fue concluyente:

Edipo lo pide.

Por el contrario, y pasando de Grecia a Egipto, desconocemos origen, referentes y contexto de:

Sí, sí, enfadas a Dafne, Isis.

La pobre Dafne, libre del acoso de Apolo -Sí, Apolo, país- ahora se nos enfadaba por motivos egipcios, en fin.
Pero, con el nombre cuyo significado es un regalo de aquélla tenemos:

Oro di, sí, Isidoro.

Alguien generoso, del que no se ha hecho más averiguación. Por lo demás, el propio nombre de Isidoro se compone de dos pequeños palíndromos separados por una d, -¿de demarcación?-, y en ello se acerca a Susana, perfectamente compuesto de dos palíndromos. 

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Oír a Darío

   Uno de los libros más divertidos de toda la Antigüedad Clásica, si no el que más, es Los nueve libros de la historia, de Heródoto. Y uno de sus episodios más amenos y memorables es el que cuenta cómo los persas eligieron rey a Darío.
   Seis familias de la nobleza irania habían colaborado para derrocar a un usurpador, así que el nuevo rey había de salir de una de ellas, pero ninguna superaba a las demás en categoría  ni en méritos, de modo que no era fácil elegir. Se decidió realizar una ordalía: el día señalado, poco antes del amanecer, los seis candidatos cabalgarían hasta un promontorio cercano, y aquel cuyo caballo relinchara primero al salir el sol sería el elegido.
   Darío estaba nervioso pero su escudero le tranquilizó, no había nada que temer, sólo le pedía libertad de acción. Concedida ésta el escudero cogió una yegua, la ató a un árbol cerca de donde había de celebrarse la prueba, y luego tomó el caballo favorito de Darío y lo llevó allí a la noche, retirándolo al día siguiente.
   Cuando llegó el día señalado, los seis candidatos salieron de la ciudad al paso, para que ninguno llegara antes que los demás, aunque fueron acelerando al acercarse al lugar. Entonces el caballo de Darío, al reconocer dónde había estado con la yegua, se puso nervioso, empezó a bufar y resoplar, y no sólo relinchó el primero sino también el más fuerte al salir el sol.
   Así Darío fue elegido rey, pudo decir, entre otros, Aparta, sátrapa, y aquéllos rivales que esperaban poder decir Oirá Darío, tuvieron que cambiar ligeramente y Oír a Darío.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Un descubrimiento


    Estoy leyendo una antología titulada Siete relatos góticos. Del papel a la pantalla la cual, por desgracia, no incluye las películas pero si las otras cinco son comparables a las dos que conozco -La parada de los monstruos, El juego más peligroso-, han de ser geniales.

 Esta antología es doblemente notable. Primero por el papel que el subgénero gótico ha desempeñado en la literatura contemporánea y segundo porque el cine ha sido, sin duda alguna, el gran género narrativo del S. XX. El primero nos hizo ver que no hay que ir lejos en el tiempo ni en el espacio para encontrar ambientes exóticos, pues la mente humana los tiene de sobra y el segundo nos plasmó y reinterpretó obras literarias de todo tipo, hasta el punto de que algunas ya son inimaginables sin su película.

Mi relato favorito de esta antología es El juego más peligroso, de Richard Connell, en el que un aristócrata ruso exiliado, el conde Zaroff, ha convertido una isla propicia a los náufragos -qué habría sido de la literatura sin esas islas- en coto de caza, pero no de una caza normal y corriente. El conde conoce de sobra todas las tácticas y todas las reacciones de las bestias, y sólo la caza del hombre le suministra las emociones que necesita. Por cierto que en una película española, La caza, de Carlos Saura, se dicen ideas parecidas y premonitorias.
  Pero hay mucho más en este libro. El humor de Washington Irving, la sorpresa de Ambrose Bierce -comparable a las de Cortázar-, y sobre todo la habilidad de Lafcadio Hearn para hacernos sentir desazón, miedo y risa.
 Por cierto, la editorial se llama Jaguar, un animal chamánico.

sábado, 30 de julio de 2016

Pequeño homenaje a E.A. Poe

-¿A gusto, verdad?
-Sí, la comida excelente. Vaya con este bacalao...del Ebro.

Risas ante la gracia esperada. No sólo el bacalao, también la ensalada, los filetes, etc., todo muy rico.

-¿Y el vino?
-Tampoco estaba mal. ¿Os parece que nos lo llevemos? Al fin y al cabo lo hemos pagado.

Algún murmullo. En otro tiempo no se habría visto bien, ahora va pareciendo normal.

-Si lo dejamos, le van a sacar dinero por segunda vez, no lo dudéis.

Más risas, ahora al imaginar al nuevo parroquiano.

-Un amortizado.

Y el camarero saca una botella abierta, servida quién sabe cuándo -anoche, la semana pasada, hace unas horas- y cobra la mitad de un vino normal.

-Hoy vamos de amortizados, que empieza a escasear el dinero.

¿Valdría la pena nombrar un inspector de amortizados para comprobar que el propietario del local no exige más de lo debido? 

-Me has dado una idea para titular un relato.
-¿Sí? ¿Cómo se va a titular?
-El tonel de Amortizado.

 

miércoles, 25 de mayo de 2016

Escrito de repente

 El burlado se refugió en medio del silencio blanco -o azul- para escuchar la llamada de lo salvaje que resonó como cantos de vida y esperanza, como un olvido de que lo fatal es, al fin y al cabo, ley de vida.



Dedicado a Jack London y Rubén Darío en el centenario de sus muertes.


martes, 24 de mayo de 2016

Volvemos con la palindromología

¿A quién dedica un poeta -un artista en general- sus creaciones?

A su musa.

A veces, la calidad de dichas creaciones no es la debida, y entonces decimos:

Asume, musa.

Un leísta lo prolongaría:

Asúmele, musa.

             

jueves, 24 de septiembre de 2015

Duendes I

  Dice Ana Mª Matute que los duendes, cuando la gente deja de creer en ellos, se transforman en gatos, comadrejas o lechuzas, de modo que siguen siendo útiles, librando a las casas de ratones y otros huéspedes similares. Vamos a hablar de algunos de esos duendes.

EL ERIZO

      ¿Cuáles son las veintisiete palabras que, según B. Atxaga, forman el vocabulario del erizo? A lo mejor son más, a lo mejor son ciento ochenta y nueve, pero seguramente no son demasiadas. No se vio conveniente que el erizo dispusiera de un léxico amplio y diverso.
                  Pero la mirada del erizo es la mirada de los niños cuando empiezan a descubrir el mundo, y no hay mayor placer que aprender nuevas palabras. El mundo es húmedo, cálido y acogedor cuando el erizo aprende hura, letargo y octubre, negro y azul brillante cuando aprende arándano, endrina y escarabajo, y de un rosa intenso cuando aprende lombriz, pero se vuelve precavido ante zorro, búho, cárabo, lechuza y sobre todo ante hombre, coche, carretera... ¿Suplen las púas a las palabras?

  No sabemos si el erizo era confiado y conocer el mundo le llevó a acorazarse, o si nació pinchudo e intenta ser libre. En cualquier caso, ahí sigue, esperando que alguien se fije en él por sus ojos y no por sus púas.