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lunes, 18 de febrero de 2013

Visión del crepúsculo

La hora es un trébol gigantesco,
no importa el número de sus hojas.

Está hecho de corazones caedizos
y lenguas ansiosas
de besar el aire dorado de soles diversos.

Alguien halló reposo a la sombra de esta hora rezagada.
En estas sombras de plata, manchadas de púrpura.
Arrebol de los días que unta unos ojos
cansados que ya no esperan abrirse.


 Este poema, inspirado por un rato de descanso a la sombra de un tilo en flor, lo dedico a los muertos en la fuga del fuerte del monte San Cristóbal en 1938, cuyo monumento, cerca de un tilo de dicho monte, ha sido destrozado y pintarrajeado varias veces por gente de la que prefiero no opinar.


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