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miércoles, 3 de abril de 2013

Talasoterapia

   Dejando atrás la batalla y su fragor, aquel hombre siguió corriendo. Por el camino iba tirando armas, ropas, documentos... Tan sólo se paró una vez, para gritar: ¡El mar! y contemplarlo acezante. Llegó sin aliento al agua y echóse a nadar. Así descubrió su verdadera personalidad, la de una rechoncha y juguetona marsopa.






 Dedico este relato a todas aquellas personas que para encontrarse a sí mismas son capaces de romper con todo lo que se les ha impuesto.

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