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sábado, 22 de junio de 2013

Más vacas

Las vacas aprenden geografía mirándose unas a otras sus manchas blancas y negras.

(Ramón Gómez de la Serna)






Esta greguería de Ramón es realmente genial, pero a veces hay que dejar de ver la vida en blanco y negro, como bien hizo el autor de esta imagen:                                                                                                  



Imagen que sin duda se relaciona con este monovocálico:

Las vacas blancas machacarán a la vaca parda.

La ancestral enemistad que tienen las vacas blancas a las pardas -la trata Ana Lalana- es sin duda la causa de que la vaca de la imagen haya optado por combinar ambos colores. ¿Pretenderá hacerles ver que en el mundo hay sitio para toda la especie vacuna? ¿Servirá de intermediaria entre ambas facciones? ¿Será rechazada por ambas?

jueves, 20 de junio de 2013

Un monovocálico de urgencia


La garza saltará al Arga para atrapar a la carpa.
Tras atraparla, la garza alzará las anchas alas blancas...

 Me ha venido este breve texto a las mientes hoy al mediodía cuando, paseando por la Media Luna, mirando precisamente al río Arga, he visto una garza. Ha sido una visión gradual: primero el tamaño y las puntas negras de las alas, luego el plumaje gris y por último esa característica curvatura en S del cuello.
 En mis paseos -urbanos y montaraces- me han salido al camino muchas garzas, pero sólo dos veces las he visto desde arriba. Una hoy, y la otra en el Duero, aquel martes 13 de abril de 2004.



viernes, 14 de junio de 2013

In memoriam C. M. G.


  Es una tarde indefinida; es un día de sol frío, de esa época que ya no es invierno pero tampoco es todavía primavera; o que ya es primavera sin haber dejado de ser invierno. El cielo es un desierto con una mancha blanca -un águila- y una mancha herrumbrosa -un milano-, ambas sin rumbo.
                                                                                                                                                                                                          













  Tras andar un trecho me siento en un claro del bosque lleno de flores de aladierno y saco un libro del bolsillo: Todos los cuentos, de Carmen Martín Gaite. Por un momento floto entre dos mundos paralelos, pues absorbo a la vez los efluvios que, tras el letargo, se van desperezando según se alarga el día y las historias de esa gente sencilla, humilde, ninguneada, y al mismo tiempo llena de viejas ilusiones que quizás en algún momento pudieron ser tan frescas como esta primavera. Dos mundos concéntricos.

 Una tarde de otoño, cuando el oro esbelto de los abedules mancha un cielo cada día más pálido. Un cielo en el que septiembre lucha todavía, a pesar de ser ya octubre. El inquilino de mi bolso se llama Retahílas y, a pesar de no parecerme gran cosa al principio, según voy leyendo me engancha más y más hasta que ni yo mismo sé si he vivido la vida de Germán o la de Eulalia. Entonces viene el dilema: leer día y noche hasta el final o saltar a tierra unas horas y alargar el placer postergando la lectura. Mucho tiempo después de cerrar el libro, su vaho tibio sigue arrullando al lector, defendiéndolo de desengaños e inclemencias.

 Como no hay dos sin tres, el tercer libro se titula Dos cuentos maravillosos y es una rápida incursión en el reino de la fantasía. O una fugaz azeifa de fantasía en lo cotidiano. Es, entre otras muchas cosas, una reivindicación del derecho de cada persona a ser un pequeño dios, a crear su propio mundo, a comerse, como dice un personaje, el pastel del diablo; a manejar a gusto y capricho esa máquina que, desde dentro de la cabeza, desde el lado izquierdo del pecho o desde mucho más lejos -quién sabe-, nos enseña el camino en medio de este caos que llamamos mundo.





   Carmen Martín Gaite murió poco después de que yo leyera El cuarto de atrás, libro en el que habla de muchas cosas, entre ellas de sus recuerdos de niña y adolescente en unos tiempos que, como otros muchos, eran malos para la lírica, y de su intención de escribir con una lengua lo más viva posible. (Cumplida con creces, añado.) Por unos meses no verá el final de este siglo veinte -cambalache- y el principio del siguiente. Llegarán tiempos nuevos y el sol seguirá alumbrando tantas y tantas historias... En un siglo u otro seguiremos preguntándonos si vivir vale o no la pena, y el testimonio de quienes, como decía Borges, ejercen el oficio de cambiar la vida en palabras seguirá siendo una de las muchas razones que nos impulsen a seguir adelante.



jueves, 13 de junio de 2013

El final del camino

  Aquella noche de bodas fue también, para los dos, noche de triunfo. Para ella porque volvía a ser reina, porque en su trono y en su lecho volvía a haber un hombre que, por fin, engendraría un heredero libre de presagios. Para él, porque al fin tenía el premio tras años de luchas y de huidas, tras años de no encontrar su sitio. La diferencia de edad era notable, pero no le importaba que aquella mujer pudiera ser su madre, si todavía era fértil y bella, de una belleza que parecía más de lo que sus ojos podían soportar, tan bella que su cuerpo podía ser lo último que él viera en este mundo, y aun así se iría satisfecho. Ya llegarían las cargas de administrar el reino y los sinsabores inherentes a la corona, pero aquella noche debían echar para atrás el tiempo, había que regresar al andrógino ancestral, a la mítica bestia de dos espaldas, a los tiempos en que no existía el temor al hado ni a los dioses, y así poder refundar la realidad a su gusto  y capricho.

  Ella se reía de los correos que hablaban de hambre, peste, malas cosechas... Con un nuevo rey en el trono y la tierra bajo él, todo volvería a su cauce. Por la mente de él pasaban todas las sendas que habían recorrido sus pies hinchados huyendo de aquella ominosa profecía. Aquel león que atacaba los rebaños, traspasado por un dardo y rematado a lanzadas al que volviera a ver cuando su espada atravesó el pecho de aquel hombre que le cerraba el camino y en cuyos ojos se sintió reflejado... El primer combate le había hecho ver que ya era capaz de tomar sus propias decisiones y el segundo se lo había confirmado. Al principio sólo había pensado en defenderse, luego supo que su enemigo era su igual y uno de los dos debía morir. Y así ambos habían pasado por su mente cuando, sin más armas que la palabra, a pie firme y sin corazas, había librado su tercer combate, el que le había hecho rey. El que le daba por fin el premio de los anteriores. El que había puesto en sus manos una ciudad y una reina no por matar a un hombre ni a un león sino por resolver un enigma. Cuando el amanecer le sorprendió contemplando ensimismado el cuerpo desnudo y acezante de Yocasta, Edipo sintió que por fin había llegado al final del camino.

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  Posiblemente Edipo sea el personaje más desdichado de toda la mitología griega, y aquí he querido contar el momento en que fue feliz. Claro, fue feliz cometiendo incesto tras haber cometido parricidio pero él, ¿qué culpa tenía?

miércoles, 12 de junio de 2013

El mar o la montaña

   Si decidirse por un destino u otro ya era de por sí difícil, a su edad más todavía, y tratándose de alguien que en un periodo tan largo apenas había salido de su región, la disyuntiva era atroz. La necesidad de elegir de inmediato complicaba todavía más la situación. Ver la inmensidad azul y las maravillas que encerraba con sus cambios de color tan distintos como el día y la noche, sentirse aislado del mundo y al mismo tiempo unido con toda la humanidad y el resto de seres vivos, y a la vez la claustrofobia, el miedo a las tormentas y a los naufragios... Por otro lado estaba ver el sol salir y ponerse sobre los picos, las  trochas, veredas y sendas perdiéndose de un lado a otro entre bosques, prados y canchales... Pero llevaba siglos sin ir a las montañas y aquellas puñeteras cuestas debían hacérsele bastante más duras que en su ya lejanísima juventud. Y la soledad allá arriba se soportaría peor, porque seguramente no seguirían muchas personas ese camino. Lo cierto es que nunca se había negado a los deseos de su nieto favorito, ni a los de esos alegres bisnietos trillizos que ya hacían planes de recorrer el mundo entero. Y a pesar de estar acostumbrado al agua fresca de los arroyos y a la leche de sus cabras, es de creer que la promesa de una bebida nueva, desconocida, capaz de crear toda clase de inesperadas sensaciones, y reservada sólo a los navegantes contribuyó también a que se decidiera.

   Sem, Cam y Jafet saltaron de alegría cuando Noé les comunicó, sonriente y satisfecho, que el abuelo Matusalén, a sus novecientos cuarenta y nueve años, se había animado a venir en el Arca.

martes, 11 de junio de 2013

Decepción

  Fueron varios años de búsquedas infructuosas. Años de recorrer tierras ignotas e inverosímiles, de fatigar viejos libros en las más remotas bibliotecas y de llegar a sentir hastío de aquellas geografías míticas que otrora tan fascinantes resultaran. Años enteros de días expuestos a embestidas de rinocerontes
y de noches congeladas nadando tras el último narval entrevisto allende las brumas.

 Años de ilusiones convertidas en sudor y de fracasos apenas justificados por el ansia de conocer. Pero al final, incluso ellos, los tenidos por el mejor matrimonio de exploradores que vieran los siglos -Alejandro Medario y Blanca Mello- hubieron de admitir que, o bien la zoología fantástica había cambiado sustancialmente en los últimos tiempos, o bien el autor (desconocido o innominado) de la célebre frase: El cuerno derecho del unicornio da todavía mejor suerte que la cuarta hoja del trébol no era sino un bromista.













 P.D. : la frase final de este relato no es tan absurda como pudiera parecer, pues aparte de que haya narvales con dos colmillos -escasos pero existen- uno de los referentes del unicornio es el órix de Arabia, salvado de la extinción en los años sesenta del siglo pasado. Sus dos cuernos son tan rectos que de perfil parece tener uno solo.

 Rinocerontes, narvales, órix... Dedico este relato a quienes luchan para que aquellas especies que inspiraron la leyenda del unicornio -y otras muchas- sigan acompañándonos, haciendo este mundo más variado.

miércoles, 5 de junio de 2013

DE CONSOLATIONE PER CAMBIUM VERBORUM


  Estaba ya tan curtido en lances eróticoamatorios de toda ralea, que aquello no tendría por qué afectarle lo más mínimo, pero por más que se esforzaba no conseguía borrar de su mente ninguna de aquellas imágenes: la mirada entre cínica e insatisfecha de Carmen, esa sonrisa autosuficiente de Izaskun, la forma tan especial que tenía Nuria de preguntar "¿ya?" con esa sensual inclinación de hombros, o la coquetería que Alicia seguía mostrando al decir "vaya, vaya..." Pero era fuerte e ingenioso y lejos de arredrarse decidió hacer de la necesidad virtud. Saber que ahora al portero se le llamaba "empleado de fincas urbanas", al sepulturero "ingeniero técnico del descanso eterno", y que había sido felizmente sustituida la palabra "minusválido" por "persona de diversidad funcional" le hizo ver por fin una salida: ya no sería nunca más un eyaculador precoz, sino un adelantado a su tiempo.

martes, 4 de junio de 2013

Greguerías naturalistas (II)


Los mirlos blancos se posan en el lomo de las ovejas negras.




















Los ratones llegan siempre tarde.





Al ver volar a los milanos se nos enarcan las cejas hasta hacerse iguales a sus alas.





Las hojas duermen una siesta de medio año en un lecho hecho de helechos.




lunes, 3 de junio de 2013

Sobre Salomón y la reina de Saba

 Esta mañana he terminado de leer Historia de la Reina de la Mañana y de Solimán, Príncipe de los Genios, del escritor romántico francés Gérard de Nerval, (1808 - 1855) famoso por sus viajes a Siria, Egipto y otros países orientales, que le sirvieron ampliamente de inspiración.


  El narrador nos cuenta cómo, durante varias noches, acudió a un café donde escuchó a un narrador la historia de los amores frustrados de Salomón y la reina Belkis durante la construcción del Templo de Jerusalén.

  Como buen romántico, Nerval no podía desaprovechar las posibilidades de evasión -temporal y espacial- que sus viajes le brindaban. Nacido en una familia masónica, el Templo de Salomón podía ser para él un tema excelente. La mezcla de varias mitologías -judeocristiana, irania, árabe- le permitía hacer convivir a diversos personajes fantásticos. Pero no son estos temas los que quería tratar ahora, sino un breve aspecto colateral, periférico.



 Belkis rechaza a Salomón, y una noche, cenando juntos, le suministra un narcótico y huye. Fue entonces, sin duda, cuando dijo ese famoso palíndromo que flotó durante milenios en quién sabe qué espacios, hasta que el autor de estas líneas, con un poder similar al de Salomón sobre los genios, o al de Belkis sobre los pájaros en general y la abubilla en particular, lo rescató:


                             No molas, Salomón.

domingo, 2 de junio de 2013

BESTIARIO DEL NUEVE DE FEBRERO

-¡Cuánto tiempo sin vernos! -dijo la vaca al reconocer al dinosaurio -que todavía estaba allí- entre la concurrencia.






-Ciertamente -contestó él, visiblemente apenado-, es triste que tengamos que volver a encontrarnos aquí.


La tortuga llegaba en aquellos momentos con su paso tranquilo, seguida, como era de esperar, por Aquiles.

Como no era de mucho hablar, los demás justo la saludaron y no se molestaron en preguntarle nada, ya hablaría ella.




 Por el contrario el guacamayo, el chajá, el colibrí y otros pájaros de Hispanoamérica sí hablaron todo lo que había que hablar entre lágrima y lágrima.





Algún cerdo de la piara de Epicuro se unió con sus gruñidos de pena, que todos entendieron perfectamente: él también sabía, tras varias noches de mirar a las estrellas, que no hay muchas cosas como el universo.


Y  así, mientras el bosque maduraba, o la voz devenía quemadura, que en esto nunca hubo acuerdo, todos fueron uniendo sus voces al funeral de Augusto Monterroso.








sábado, 1 de junio de 2013

De cómo es el martes trece día de malos presagios y de lo que acontesció a uno que atrevióse a desoírlos


Érase un martes, además un trece,
érase una ocasión de maravilla,
érase un día que recordar merece,
incluso por el pincho de tortilla.

Éranse días en que el sol se mece,
inquieto, por el cielo de Castilla
y el fresco de la noche permanece
tras haber recorrido varias millas.

El día en que el viajero despistado
las tierras de Almazán recorrer quiso
cual si orégano todo el monte fuera

y no tardó en sentirse extravïado
a través de un camino todo liso,
no del sendero que él andar quisiera.


 Los hechos de este poema ocurrieron el martes 13 de abril de 2004, cuando pretendí realizar la travesía Tardelcuende-Almazán atravesando una parte de la Tierra de Pinares, pero, en la zona que se había quemado cuatro años antes, no pude ver señales, y así recorrí dos lados del triángulo, accediendo bastante tarde a mi destino. Aun así, llegué a tiempo no sólo de coger el autobús sino también de comer un pincho de tortilla en el bar de la estación.
 No deja de ser curioso que a poco de llegar a Almazán vi -fugazmente- una liebre. ¿Qué ocurre si se ve una liebre en martes 13? ¿Mala suerte por partida doble? ¿O bien ambos malos presagios se anulan mutuamente?