seguir por correo

domingo, 2 de junio de 2013

BESTIARIO DEL NUEVE DE FEBRERO

-¡Cuánto tiempo sin vernos! -dijo la vaca al reconocer al dinosaurio -que todavía estaba allí- entre la concurrencia.






-Ciertamente -contestó él, visiblemente apenado-, es triste que tengamos que volver a encontrarnos aquí.


La tortuga llegaba en aquellos momentos con su paso tranquilo, seguida, como era de esperar, por Aquiles.

Como no era de mucho hablar, los demás justo la saludaron y no se molestaron en preguntarle nada, ya hablaría ella.




 Por el contrario el guacamayo, el chajá, el colibrí y otros pájaros de Hispanoamérica sí hablaron todo lo que había que hablar entre lágrima y lágrima.





Algún cerdo de la piara de Epicuro se unió con sus gruñidos de pena, que todos entendieron perfectamente: él también sabía, tras varias noches de mirar a las estrellas, que no hay muchas cosas como el universo.


Y  así, mientras el bosque maduraba, o la voz devenía quemadura, que en esto nunca hubo acuerdo, todos fueron uniendo sus voces al funeral de Augusto Monterroso.








No hay comentarios:

Publicar un comentario