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lunes, 3 de junio de 2013

Sobre Salomón y la reina de Saba

 Esta mañana he terminado de leer Historia de la Reina de la Mañana y de Solimán, Príncipe de los Genios, del escritor romántico francés Gérard de Nerval, (1808 - 1855) famoso por sus viajes a Siria, Egipto y otros países orientales, que le sirvieron ampliamente de inspiración.


  El narrador nos cuenta cómo, durante varias noches, acudió a un café donde escuchó a un narrador la historia de los amores frustrados de Salomón y la reina Belkis durante la construcción del Templo de Jerusalén.

  Como buen romántico, Nerval no podía desaprovechar las posibilidades de evasión -temporal y espacial- que sus viajes le brindaban. Nacido en una familia masónica, el Templo de Salomón podía ser para él un tema excelente. La mezcla de varias mitologías -judeocristiana, irania, árabe- le permitía hacer convivir a diversos personajes fantásticos. Pero no son estos temas los que quería tratar ahora, sino un breve aspecto colateral, periférico.



 Belkis rechaza a Salomón, y una noche, cenando juntos, le suministra un narcótico y huye. Fue entonces, sin duda, cuando dijo ese famoso palíndromo que flotó durante milenios en quién sabe qué espacios, hasta que el autor de estas líneas, con un poder similar al de Salomón sobre los genios, o al de Belkis sobre los pájaros en general y la abubilla en particular, lo rescató:


                             No molas, Salomón.

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