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lunes, 8 de julio de 2013

Recuerdo de Cortázar (I)


  Como decía con ardor el presidente Roosevelt, el miedo a las hormigas lo crean ellas mismas.

   CORTÁZAR, Julio: Los autonautas de la cosmopista


 En este mes de julio nada mejor que recordar a alguno de los escritores con ese nombre, y por eso aprovecho para rescatar lo que escribí sobre Cortázar cuando, por fin, conseguí prologar un número de Iruñean behin, la revista del Aula de Literatura de la Casa de la Juventud de Pamplona.


Esta noche nuestras voces remontarán el viento.
C ontaremos las estrellas para ahuyentar las penas.

       Amaral,  Subamos al cielo




    
   En la noche palindrómica de las nOmenclaturas estelares y los gazapos inocentes, entre instrucciones para recorrer la cosmopista, los meteoros de hormigas vuelan por entre los bufidos de minotauros que rumian su destino sabiendo que nunca se borrarán de la memoria de los hombRes.
  Entre otras presencias de cometas, la ceguera de Borges nos ilumina y nos hace preguntarnos por qué los Julios no mueren en julio. Por qué se les asesina el caTorce de marzo -el mes leopardo, el agazapado- o por qué una transfusión de sangre envenenada se los lleva entre los espejos de nieve de febrero. Los licÁntropos, como el conde Potocki, se suicidan con balas de plata, pero el Lobo Blanco tuvo una muerte no predicha en sus relatos. ¿Ha de morir un autor imitando a sus personajes? Los bestiarios ofrecen muchas posibilidades, el aZar decide. La realidad -demasiado bien él lo sabía- siempre supera a la ficción.
  Así seguiremos huyendo de casas tomadas y enumerando hircocervos de rayuela, subiendo escaleras de octAedros hasta llegar a esa estrella palindrómica y autonauta en cuyo honor he escrito ese relato al que, para no parecer demasiado plagiario, no he titulado Ubicuidad de las PaRcas.


 

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