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martes, 17 de septiembre de 2013

Veinte años y un diente roto

La noche agita sus melenas
y absorbe la frescura del desierto.
Segura de sí misma,
sonríe
y acecha.

Entre manchas de deseo
la luna se deja ver;
una lágrima apenas.

Se fue mi canción,
sólo existirá la verdad.

Quedaron en el camino
muchos días oxidados
por las tormentas de arena.
 Es un caballo nuevo el que relincha
y esparce las viejas horas.

El reloj de arena ya ha medido
el tiempo denso de los muertos.
El tiempo ligero de los vivos
aguarda
tras la esquina de la noche.

Sólo entonces me desnudo
de los días arrugados
y me lavo el sudor del tiempo ido
con la escarcha -tan incierta-
del mañana.

lunes, 16 de septiembre de 2013

FOCUS, AER, TERRA, AQUA

Como soy más listo que el aire y pienso que al enemigo ni agua, aproveché el alto el fuego para poner tierra de por medio.
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En la Tierra del Fuego, el aire y el agua son muy fríos.
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¿De qué están hechas las hadas? Es fácil si se sabe la historia de la palabra. En latín se decía FATA y este nombre es transparente: Focus, Aer, Terra, Aqua. Las hadas tenían los cuatro elementos. Pero con el tiempo FATA se ha convertido en HADA, un pequeño palíndromo. Las hadas antiguas eran pues alquimistas y las de ahora palindrómicas, su magia se basa en al capacidad de mirar a derecha  e izquierda, de volverlo todo del revés.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Política de principios de siglo

 El otro día andaba yo por un barrio nuevo y alguien que iba a mi vera me quiso camelar. Yo piqué, pero sólo un rato, y el otro se rajó(y) porque le escuchaba con la mayor oreja. Me apoyé en un pilar del castillo -que no estaba edificado sobre arenas- y así quedé tan gallardón como un mariscal de Gante. Que aquí se respira mucha fragancia de gente ligera de cascos, que encima se pone a graznar donde no debe, y como hace bastante falta que alguien limpie y barra todo esto, no conviene llamar azares, así que zapatero a tus zapatos.

2002 fue el primer año capicúa del siglo y del milenio. Han pasado once años, otra cifra capicúa, pero nuestra ilustre clase política no parece haber cambiado mucho. Encima, ya no tiene nombres susceptibles de ser usados como éstos.

Dedico este texto a las víctimas de la crisis.

martes, 10 de septiembre de 2013

Que no pare la músi-K

  Ni estoy loquillo ni parezco un troglodita, pero tras este siniestro total debo apostar por la radio futura si no quiero quedarme el último de la fila, aunque para ello deba realizar actos rebeldes, ilegales, inhumanos o secretos. No quiero calzar zapatos de charol -ni guardado en tubos de plata- y como allá donde la dama se esconde ya no se puede bailar una danza invisible -ahora, ella baila sola- querrán envenenarme con belladona, ya que ni bebo tequila ni fumo celtas (cortos).
 Aunque haya algunos que sigan en la luna, muchos estamos resentidos al recordar nuestras mocedades, cuando entre un marchoso sábado y un jodido lunes había siempre un plácido domingo y por mucho que nos arrearan una coz o nos pegaran con un leño nos quedábamos tan panchos, aunque a veces acabáramos zombis. En unión nos enfrentábamos a tahúres diestros y zurdos y con mucho tino buscábamos un casal que tuviera buena luz, pero ahora montamos barricadas y hay carreras por las calles desde que unos presuntos implicados nos ocultan la (académica) palanca que acabe con esta guerra. Así que por mucho que seamos rápidos como burros no podemos atravesar ríos ni fiarnos de amistades peligrosas que tengan cómplices en las aerolíneas federales. De ello se deduce que para amar al inquilino comunista no es recomendable ir al cine a ver Objetivo Birmania ni El gabinete del Dr. Caligari.
 Así que basta ya de golpes bajos que nos hacen parecer reincidentes cuando vamos a Mondragón. Rodeado por una parte de ejecutivos agresivos y por otra de bichos, y temiendo malos tratos, antes que decir que el gusto es mío me comeré una sopa de cabra a la sombra de los perales, abandonaré este ambiente suburbano lleno de asfalto y no pararé hasta llegar a Alaska -tierra de olvido- donde veré cada día un pingüino en mi ascensor.