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martes, 10 de septiembre de 2013

Que no pare la músi-K

  Ni estoy loquillo ni parezco un troglodita, pero tras este siniestro total debo apostar por la radio futura si no quiero quedarme el último de la fila, aunque para ello deba realizar actos rebeldes, ilegales, inhumanos o secretos. No quiero calzar zapatos de charol -ni guardado en tubos de plata- y como allá donde la dama se esconde ya no se puede bailar una danza invisible -ahora, ella baila sola- querrán envenenarme con belladona, ya que ni bebo tequila ni fumo celtas (cortos).
 Aunque haya algunos que sigan en la luna, muchos estamos resentidos al recordar nuestras mocedades, cuando entre un marchoso sábado y un jodido lunes había siempre un plácido domingo y por mucho que nos arrearan una coz o nos pegaran con un leño nos quedábamos tan panchos, aunque a veces acabáramos zombis. En unión nos enfrentábamos a tahúres diestros y zurdos y con mucho tino buscábamos un casal que tuviera buena luz, pero ahora montamos barricadas y hay carreras por las calles desde que unos presuntos implicados nos ocultan la (académica) palanca que acabe con esta guerra. Así que por mucho que seamos rápidos como burros no podemos atravesar ríos ni fiarnos de amistades peligrosas que tengan cómplices en las aerolíneas federales. De ello se deduce que para amar al inquilino comunista no es recomendable ir al cine a ver Objetivo Birmania ni El gabinete del Dr. Caligari.
 Así que basta ya de golpes bajos que nos hacen parecer reincidentes cuando vamos a Mondragón. Rodeado por una parte de ejecutivos agresivos y por otra de bichos, y temiendo malos tratos, antes que decir que el gusto es mío me comeré una sopa de cabra a la sombra de los perales, abandonaré este ambiente suburbano lleno de asfalto y no pararé hasta llegar a Alaska -tierra de olvido- donde veré cada día un pingüino en mi ascensor.

2 comentarios:

  1. Qué bueno y divertido tiene mérito haber hilado tanto. Saludos.

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  2. Sí, me gustan mucho los textos nominales. Y éste me es especialmente entrañable desde diciembre del 98, cuando dimos un recital en la cárcel.

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