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viernes, 4 de octubre de 2013

Diálogo del exilio

  Es otoño, la hora de los murciélagos y las lechuzas, un arroyo preso en la calle, murmullo del cierzo entre muros color marfil, casas ralas en barrios frontera... Por lo demás, no importa dónde ni cuándo, pues las geografías de la soledad son infinitas, como el largo y ancho torbellino de los tiempos que no elige sus esquinas. La hora y el lugar en que todos los paseantes son ropas negras sobre el marfil de las paredes y la ciudad no es más que una suma de desiertos.



-Buenas noches. ¿Me permite unos minutos? ¿Cree usted en la inmortalidad del alma?

  No es frecuente que a uno le aborden de esa manera mientras su mente divaga. Quizás uno no sea muy responsable de las respuestas dadas tan a bocajarro como la pregunta. Perturbar a un solitario a medianoche trae riesgos. 

-Verá, la ciencia nos dice que el universo ha de extinguirse, por tanto, cómo puede el alma ser inmortal -respondo con mezcla de melancolía, deseo e indignación contenida.

  -Pero independientemente de lo que diga la ciencia, uno debe cuidar su alma. No debe hacer como Drácula, que vendió su alma al diablo. ¿Lo sabía usted?

  -Por favor, si Drácula se limitó a luchar para defender su tierra de los enemigos y ni siquiera tuvo suerte... Un respeto, que el que vendió el alma al diablo fue Fausto. Vamos, buen hombre, infórmese mejor antes de abordar a la gente a estas horas y sepa que Drácula es uno de los grandes calumniados de la Historia, como Herodes, como Atila, como los vándalos...

 Menos mal que me dejó por fin ese personaje pelma, ignorante y encima calumniador. Se había equivocado de hora y aún le fue bien. Porque vaya olor a ajo que echaba, el muy puñetero, es que tiraba de espaldas. No, si eso es lo que le ha salvado, pienso mientras el cielo azul intenso -es noche de luna llena- se refleja en uno de mis dientes que, como quien no quiere la cosa, me empieza a asomar ansioso de la boca.





A Christopher Lee

2 comentarios:

  1. ¡Pobre señor! Preguntándote algo "simple" y tú le complicas... ay que ver... jeje.

    Oh dios....ese final tan sutil... La imagen mental ha sido tan fascinante como tus letras.

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  2. Bienvenida al blog, Lidia. Ya ves, perturbar a un solitario melancólico a medianoche -o alrededores- trae malas consecuencias, y éste aún tuvo suerte.

    No tardé mucho tiempo en acertar cómo convertir este encuentro en un relato, pues la mención de Drácula me dio una idea. Siempre me han gustado las historias vampíricas -de ahí la dedicatoria-, así que salió enseguida.

    Me alegra que te haya gustado el final.
    Saludos.

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