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martes, 10 de diciembre de 2013

La chica del anuncio II

                                                                         A Pilar López de Ayala
                                                                                          

 

Apenas si la he visto un par de veces y no se me va de la mente. Ese rojo tan vivo del vestido, ese fuego en la mirada, el pelo... Y la expresión de dominio al darle la bofetada. Yo sería feliz de ser abofeteado por una mujer tan bella si el precio de la bofetada fuera poder gozar de su mirada un solo momento. Sería feliz de sentir sobre mí el peso de una culpa si el perdón se obtuviera con una bofetada de ella. Y si la bofetada se acompañara de una sola mirada de esos ojos henchidos de furia ya me sentiría en el séptimo cielo. Bien se ha dicho que manos blancas no ofenden y yo añadiría que ciertas manos acarician hasta cuando abofetean. Si me abofeteara mil veces por una sola mirada me daría por satisfecho y por un beso no me importaría recibir de ella bofetadas, arañazos, pisotones y lo que hiciera falta, pero siempre a condición de que me mirase desde arriba y me dedicara al menos una fracción de segundo de esa sonrisa. Ah, lo que sería capaz de hacer yo para ser digno de una de sus sonrisas, para merecer su mirada y...

                  ***       ***         ***

 Reconozco que me pasé al darle a mi marido esa bofetada, qué le vamos a hacer. No era la primera vez que llegaba a casa tarde y un poco achispado, vaya olor a champán que traía.  Pero lo que no ha dejado de desconcertarme desde entonces es la cara de felicidad que puso al recibir el golpe y cómo, con los ojos como platos, con cara de estar alucinando en colores, se dejó caer, me abrazó las rodillas y se quedó mirándome completamente flipado.

2 comentarios:

  1. Hola Javier. Siempre es un placer leer tus textos. Nos vemos en la próxima!

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  2. Bienvenido al blog, Dani. Me alegra mucho verte por aquí.

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