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sábado, 5 de abril de 2014

Desde la noche de los tiempos

   Todos los que hemos estudiado en colegios religiosos -y más durante el franquismo- tenemos una gran cantidad de recuerdos comunes, especialmente en cuestiones sexuales. Todas las advertencias respecto a los pecados contra el sexto en general y la masturbación en particular. Parece ser que disponían de un largo catálogo de consecuencias indeseadas para quienes gustasen de practicar el vicio solitario, entre ellas lo que hoy se llama acondroplasia -uff- y en otros tiempos, sencillamente, quedarse enano.
   Esta relación entre lo que Woody Allen llamaba hacer el amor con la persona a la que más se quiere en este mundo y la reducción radical de las expectativas de crecimiento no es nueva, sino que se remonta ya a los tiempos bíblicos, como prueba este sencillo palíndromo:

                  Onán enano.

(Luego supimos que lo de Onán no era la soledad continuada sino más bien la sobrevenida, pero es posible que la frase tuviera el mismo desplazamiento.)

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Cambiando de ámbito, una de las primeras novelas de Juan José Millás llevaba el enigmático e hiperbático título de Cerbero son las sombras, así que a mí, casi de golpe, ocurrióseme otro similar:

                 Saturno son rutas.

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