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domingo, 24 de agosto de 2014

Otro más

   La lectura del libro Bestias, Hombres y Dioses, del viajero polaco Ferdynand Ossendowsky (1876 - 1945) me ha hecho recordar que no sé gran cosa de la religión tibetana; me suena en todo caso que no admite el sacerdocio femenino. No deja de ser una pena, porque entonces daría pie a palíndromos como éste:

    Amalia, la Dalai Lama.

viernes, 15 de agosto de 2014

De la fábula al palíndromo

-Están verdes.

  ¿Qué iba a decir la zorra tras toda una noche de esfuerzos infructuosos -y nunca mejor dicho- por alcanzar las uvas? No sabemos si estaban altas o si era pequeña, pero lo cierto es que no pudo y estaba agotada.
  Además era otoño, cuando los roedores supervivientes van refugiándose en sus madrigueras y por lo tanto el sé notar sólo los ratones no era de gran ayuda.
  Amanecía cuando la zorra fue poco a poco buscando la salida. El huerto del monasterio era grande y variado, y a poco de dejar el viñedo estaba el arrozal, donde el abad se paseaba satisfecho.
  El resto es historia conocida.

viernes, 8 de agosto de 2014

Un teléfono equivocado


                                                                      A Mercedes, donde quiera que esté.

Un teléfono equivocado.
Las prisas.
Tu voz nerviosa.
Mi sorpresa.
Tu búsqueda.
Tu mirada.
Nuestro abrazo.
Las calles que evitabas.
Nuestro nerviosismo.
Un bar en una calle solitaria.
Tus labios cercándome.
Dos copas vacías.
La tristeza.

Todas estas cosas y más hicieron falta
para separarnos sin decirnos adiós siquiera.

8 - VIII - 1986

sábado, 2 de agosto de 2014

Separación civilizada

 Ninguno de los dos había querido un compromiso vitalicio. Tras aquellos años horribles de maltrato, ella quería conocer a un hombre cariñoso, sensible y atento, que le enseñara a confiar de nuevo en el sexo masculino. Tras los no menos horribles años de soledad, él quería aprender a no andar solo, a mover sólo un brazo mientras el otro ceñía una cintura, a acompasar su zancada con la de una persona veinte centímetros más baja que él.
 Ambos lo habían conseguido.
 Por eso, tras aquella conversación cenaron con velas, bailaron, intercambiaron regalos, conservaron las direcciones y celebraron su noche de divorcios, que fue tan tierna, fogosa y entrañable como había sido la de bodas.



2 - VIII - 2014, en el autobús Pamplona-Donosti


P.D. : A los dos días de escribir este relato, oigo la noticia de que este año son ya treintaitrés mujeres adultas y una niña víctimas de la violencia machista.
Sé que la literatura no puede hacer gran cosa por cambiar el mundo y que la situación que plantea este relato es utópica; aun así, se lo dedico a ellas.