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sábado, 2 de agosto de 2014

Separación civilizada

 Ninguno de los dos había querido un compromiso vitalicio. Tras aquellos años horribles de maltrato, ella quería conocer a un hombre cariñoso, sensible y atento, que le enseñara a confiar de nuevo en el sexo masculino. Tras los no menos horribles años de soledad, él quería aprender a no andar solo, a mover sólo un brazo mientras el otro ceñía una cintura, a acompasar su zancada con la de una persona veinte centímetros más baja que él.
 Ambos lo habían conseguido.
 Por eso, tras aquella conversación cenaron con velas, bailaron, intercambiaron regalos, conservaron las direcciones y celebraron su noche de divorcios, que fue tan tierna, fogosa y entrañable como había sido la de bodas.



2 - VIII - 2014, en el autobús Pamplona-Donosti


P.D. : A los dos días de escribir este relato, oigo la noticia de que este año son ya treintaitrés mujeres adultas y una niña víctimas de la violencia machista.
Sé que la literatura no puede hacer gran cosa por cambiar el mundo y que la situación que plantea este relato es utópica; aun así, se lo dedico a ellas.

3 comentarios:

  1. Ojalá la literatura y tu relato ayudasen en este tema tan grave. Saludos.

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  2. Bienvenida al blog, Goizeder, y muchas gracias por comentar.

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  3. Por cierto, una cosa que olvidé contarte: había oído decir por ahí que muchos grupos tenían canciones que celebraban bodas, pero sólo Los Secretos tenían canciones que celebraban divorcios. No se si es cierto, pero di algunas vueltas a la idea, y así salió el relato.

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