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sábado, 20 de diciembre de 2014

Arroz y guisantes o De la fábula al palíndromo, segunda parte

 Gracias al arroz que, en pequeñas dosis (1), dábale el abad, la zorra se fue recuperando de la hambruna y no fue difícil adiestrarla para que, a cambio de una buena ración de arroz en las épocas más duras, librara al huerto de ratones, escarabajos y otros huéspedes indeseables. Sobre todo, el abad estaba interesado en que vigilara el plantío de guisantes, pues había un monje que, por motivos que el abad no acababa de entender, ponía mucho interés en observarlos.




(1) Pensaba escribir en pequeñas diócesis, pero habría sido demasiado recochineo.

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