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lunes, 1 de diciembre de 2014

Un mundo feliz

  Como hace mucho que leí esta gran novela de don Aldous, no recuerdo si el soma se consumía a discreción o si había un horario estricto para repartirlo, aunque creo recordar que, por lo menos en el caso de los epsilones, era esta última posibilidad. De haber tenido capacidad palindrómica, los miembros de esta clase ínfima lo habrían solicitado así:

Amo, soma.

 Y la respuesta habría sido:

Soma damos.

Alguien -ya seguramente un alpha o un beta- habría dicho:

Soma, vamos.

O incluso, rizando el rizo:

Soma, vamos a la sala.

(¿Habría sido Helmholtz Watson?)

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