seguir por correo

martes, 27 de enero de 2015

SM y palíndromos

El Divino Marqués -y no me refiero al de Bradomín- da mucho juego en el arte de la palindromía:

Sade, ¿me das?

Sade, ¿le das?

¿Qué diremos de las sadobodas?

Imaginemos que una persona de estética convencional, vainilla, se pasa de repente al cuero negro, las cadenas, el látex:


Osa moda sadomaso.

Y claro:

Al rato, zas, azotarla.

En fin.

lunes, 19 de enero de 2015

Palíndromos clericales

En el anterior relato salían dos viejos amigos, Eros y Thánatos, cuya relación es posiblemente la más seria, profunda, estrecha y duradera de toda la historia de la Literatura. Pero, amigo Sancho, con la Iglesia hemos topado,  y así nos sale:

Sor Eros

Sotana Thánatos.

En fin.

miércoles, 14 de enero de 2015

Microrrelato zodiacal

Nadie se libra, pero tras la noche de la visita al acuario ni ella ni yo somos virgo y eso me alivia cuando leo lo que avanza mi cáncer.

martes, 6 de enero de 2015

Una apostilla

  Puesto que en la anterior entrada hablábamos de los ostrogodos, no estará de más recordar que los ostragodos eran aburridos mientras que los rostrogodos tenían mucha cara. El nombre también se presta a alguna frase monovocálica.

domingo, 4 de enero de 2015

Procopio y Blade Runner

 He terminado hace poco de leer la Historia de las Guerras, del historiador bizantino Procopio de Cesarea, que cuenta los enfrentamientos que las tropas del emperador Justiniano I (527 - 565) sostuvieron contra los persas en defensa de sus fronteras orientales y contra los vándalos y ostrogodos en el intento de reconstruir el Imperio Romano; en concreto me quedaban los dos últimos libros, en los que se narran los dieciocho años que costó arrebatar Italia a los ostrogodos.
 Dieciocho años es mucho en la vida de una persona  en general  y de un escritor en particular. No sabemos en cuánto tiempo escribió Procopio este libro, pero sí que estuvo presente buena parte de lo que duró el conflicto y su pensamiento fue cambiando.
 En un primer momento Procopio, bizantino al fin y al cabo, acepta y elogia la política imperial de conquistas, pero con el paso de los años se da cuenta de que la acción bizantina está empobreciendo Italia -y debilitando al resto del Imperio- mientras que los godos luchan por defender una tierra que, al fin y al cabo, es la suya.
 Los godos son capaces de las mayores crueldades pero también de la mayor nobleza. Los bizantinos son impersonales sirvientes del Emperador.
 Resulta inevitable recordar la escena final de Blade Runner: Deckard (Harrison Ford) es poco menos que una máquina frente a un androide -Rutger Hauer- feroz pero también noble y consciente.