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lunes, 24 de agosto de 2015

Omonghe

 La palabra le llevaba rondando desde las primeras horas del día. La había sentido como una palabra mojada en la ducha, sabrosa en el desayuno, agobiante en el trabajo... Como una mariposa que volara en círculos a su alrededor sin darle en ningún momento la oportunidad de contemplarla posada.
 De repente comprendió. ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Le pareció que ahora la atrapaba y fijaba sin dejar por ello de gozar de su vuelo cuando dijo, sin preocuparse de las reacciones externas:

-Omonghe, eh, gnomo.

 Todo había cambiado. Ahora todo era verde, musgos, helechos, el dosel frondoso y cerrado, caminos estrechos, sin poder distinguir si surcaban el suelo del bosque o las raíces de los árboles. También la consciencia de sí mismo le había abandonado pero en su lugar estaba la de la relación entre gnomo y gnosis, el saber que el bien más preciado, el conocimiento, se encontraba a su alcance. En ese momento supo que podía ser sabio, dominar los enigmas del universo, y exultante de gozo ante tal perspectiva, repitió:

-Omonghe, eh, gnomo.

 En el interior de aquel túnel luminoso estaba todo. La cuadratura del círculo, el catálogo de las naves que fueron más allá de Orión con la relación precisa de las que ardieron -el androide era un farsante-, la descripción del interior de un agujero negro, la explicación de por qué la gente sigue repitiendo esa estupidez del huevo y la gallina, el precio de las angulas en la próxima temporada... Sintió que ya era sabio y que le faltaba poco para ser omnisciente, para poseer un poder poco menos que divino y, como no hay dos sin tres, exclamó de nuevo:

-Omonghe, eh, gnomo.

 Amanecía sobre la carretera. Se sentía pesado, como tras una noche de farra, pero sin molestias, ni siquiera la luz del sol le hacía cerrar los ojos. Sólo le sorprendía cómo los coches se apartaban al pasar por su lado, y las caras de asombro de los conductores. Por lo demás, ni sentía ni padecía.

-¿Quién lo habrá dejado aquí?
-No tengo ni idea, pero no me extraña. ¿Has visto cosa más absurda que un enano de jardín?
-No, la verdad, si es que no deberían ni fabricarlos.














Quien quiera saber de dónde saqué ideas para esta cosilla, mire aquí:

https://es.wikipedia.org/wiki/Alv%C3%ADssm%C3%A1l

El palíndromo lo añadí luego.

sábado, 8 de agosto de 2015

Era un viernes, ocho de...


 La quietud de la hora se ensancha
y al venirme el murmullo de los años
amontonados,
ansioso me pregunto,
si supe algo de ti.

Sé que llegaste de la noche
y la traías en tu cuerpo.
Jirones de noche moteaban tu aire
y manchaban tu piel.

Aunque hiciera frío al sur
de tu corazón,
donde las estaciones andan al revés
que en el resto del mundo,
tus abrazos tenían el brillo de un sol desnudo
y tus palabras me daban
la fuerza de un dios verdeazulado.

Arrullada por la brisa,
como llegaste te fuiste,
vestida de viento,
desnuda de escarcha.

Si me llega tu recuerdo
en una estrella desgarrada
cualquier día será aquel viernes,
ocho de...

Mientras llega me sorprendo
revolviendo hasta el último de los años
que yacen en el cajón de los recuerdos
y escuchando aquel murmullo
de las horas extraviadas.

7 - VIII - 2000