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sábado, 8 de agosto de 2015

Era un viernes, ocho de...


 La quietud de la hora se ensancha
y al venirme el murmullo de los años
amontonados,
ansioso me pregunto,
si supe algo de ti.

Sé que llegaste de la noche
y la traías en tu cuerpo.
Jirones de noche moteaban tu aire
y manchaban tu piel.

Aunque hiciera frío al sur
de tu corazón,
donde las estaciones andan al revés
que en el resto del mundo,
tus abrazos tenían el brillo de un sol desnudo
y tus palabras me daban
la fuerza de un dios verdeazulado.

Arrullada por la brisa,
como llegaste te fuiste,
vestida de viento,
desnuda de escarcha.

Si me llega tu recuerdo
en una estrella desgarrada
cualquier día será aquel viernes,
ocho de...

Mientras llega me sorprendo
revolviendo hasta el último de los años
que yacen en el cajón de los recuerdos
y escuchando aquel murmullo
de las horas extraviadas.

7 - VIII - 2000

2 comentarios:

  1. Muy interesante y emotivo el poema.
    Me ha gustado lo de:
    "Sé que llegaste de la noche
    y la traías de tu cuerpo"
    pero no he entendido esto de:
    "Jirones de noche motreaban tu aire...."
    No sé qué significa "motrear". Nunca había visto esta palabra.
    Saludos,
    Sylvia

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  2. Buenas noches, Sylvia, gracias por comentar.
    No pasa nada, era una errata por "moteaban".
    Me alegra que te haya gustado.
    Un saludo.

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