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miércoles, 31 de agosto de 2016

Un descubrimiento


    Estoy leyendo una antología titulada Siete relatos góticos. Del papel a la pantalla la cual, por desgracia, no incluye las películas pero si las otras cinco son comparables a las dos que conozco -La parada de los monstruos, El juego más peligroso-, han de ser geniales.

 Esta antología es doblemente notable. Primero por el papel que el subgénero gótico ha desempeñado en la literatura contemporánea y segundo porque el cine ha sido, sin duda alguna, el gran género narrativo del S. XX. El primero nos hizo ver que no hay que ir lejos en el tiempo ni en el espacio para encontrar ambientes exóticos, pues la mente humana los tiene de sobra y el segundo nos plasmó y reinterpretó obras literarias de todo tipo, hasta el punto de que algunas ya son inimaginables sin su película.

Mi relato favorito de esta antología es El juego más peligroso, de Richard Connell, en el que un aristócrata ruso exiliado, el conde Zaroff, ha convertido una isla propicia a los náufragos -qué habría sido de la literatura sin esas islas- en coto de caza, pero no de una caza normal y corriente. El conde conoce de sobra todas las tácticas y todas las reacciones de las bestias, y sólo la caza del hombre le suministra las emociones que necesita. Por cierto que en una película española, La caza, de Carlos Saura, se dicen ideas parecidas y premonitorias.
  Pero hay mucho más en este libro. El humor de Washington Irving, la sorpresa de Ambrose Bierce -comparable a las de Cortázar-, y sobre todo la habilidad de Lafcadio Hearn para hacernos sentir desazón, miedo y risa.
 Por cierto, la editorial se llama Jaguar, un animal chamánico.